Uruguay en El Acuarista
 
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Publicado en 2003 La temporada estival ha dado paso al otoño, y desafortunadamente parece ser que la tan esperada interrupción de las intensas l

PRIMEROS INTENTOS LUEGO DE LAS LLUVIAS

Por Pablo Laurino, Enrique Perujo, Francisco Prieto y Heber Salvia.

Fotografía y texto de las fotos por Francisco Prieto

 

Pablo Laurino: pablolaurino@hotmail.com

Enrique Perujo: kincho@adinet.com.uy

Heber Salvia: hebersalvia@hotmail.com

Grupo FA.FLO.DUL: faflodul@adinet.com.uy

 

La temporada estival de 2002 había dado paso al otoño, y desafortunadamente parecía ser que la tan esperada interrupción de las intensas lluvias, no iba a acontecer. Aún subsistían importantes sectores de nuestras cuencas hídricas afectados por los desbordes de ríos y arroyos, que superando sus cauces habituales habían inundado campos y ciudades, causando perjuicios tanto a la producción como a las personas, quienes enfrentaban dificultades de todo tipo.

Y nuestra actividad de pesca no había corrido con mejor suerte, pues este exceso de agua había impedido acceder a los lugares que frecuentamos en busca de especies para la práctica del hobby.

Finalmente, el 28 de Abril, decidimos hacer un intento aunque más no fuera para constatar el estado de los ecosistemas, ya que a esta altura las ganas de salir se hacían incontenibles. Evaluamos que la zona más propicia sería el entorno del Departamento de Colonia, pues los reportes de inundaciones no hacían referencia a esta zona ubicada al suroeste del país. Y entusiasmados por un fin de semana que se presentaba con buenas perspectivas climáticas, nos hicimos a la ruta una vez más.

Con una enorme luna llena como guía, brillando en un cielo totalmente despejado, comenzamos nuestra travesía por Ruta 1. El objetivo era analizar los entornos de la ciudad de Carmelo, en busca de nuevas localizaciones de peces del género Cynolebias. El camino fue transcurriendo sin mayores novedades, hasta que abandonamos la ruta en las afueras de la ciudad de Colonia, para tomar el camino hacia nuestro destino final. Ya estábamos en la zona marcada para estas especies y el entusiasmo por saber que sorpresas nos esperaban se hacía sentir. La mañana era fresca, pero sabíamos por el sol que brillaba casi como en un día de verano, que al avanzar el día disfrutaríamos de una temperatura agradable. Nos acercábamos a Carmelo, y decidimos hacer nuestra primera parada a los fondos de las instalaciones de CALCAR. Divisamos un bañado que se mostraba prometedor, y decidimos comenzar a probar suerte allí mismo. Como hemos contado en anteriores oportunidades, el año pasado no fue de los mejores para la pesca de las Cynolebias, y nuestras expectativas para el presente comenzarían a delinearse en esta salida. La temporada aún es reciente, pero nuestra visita a la zona ya nos daría un panorama, signado sin lugar a dudas por las abundantes precipitaciones pasadas.

Bajamos nuestras artes del vehículo y comenzamos a explorar los humedales a ambos lados del camino. Pero de nuestras amigas, ni noticia. Se obtuvieron abundantes ejemplares de Cnesterodon decenmaculatus, Phalloceros caudimaculatus, y algunas Mojarras, así como se constató una gran abundancia de renacuajos, señales inequívocas de que estaban dadas las condiciones alimenticias para los Ciprinodóntidos, pero... El avance de la temporada ya nos dirá si este es un sitio prometedor. Continuamos con el itinerario propuesto, dirigiéndonos al bañado cercano al frigorífico donde habitualmente se obtiene C. cinereus. El lugar se presenta como un gran bañado poco profundo, abarcando una hondonada longitudinal, que se extiende cientos de metros hacia el fondo. Las condiciones del agua se veían propicias, tal vez un poco más abundante que en otras oportunidades, pero sin llegar a ser demasiada. Una vez más la suerte no fue buena. A pesar de los intentos que se prolongaron por aproximadamente 45 minutos, ni un solo ejemplar fue capturado.

Con el entusiasmo un poco herido, continuamos con el recorrido, dirigiéndonos a la zona de Punta Gorda, lugar donde se ha establecido como el límite entre el Río de la Plata y el Uruguay. La idea era conocer el lugar (quienes no lo habían hecho aún), y pescar en las playas abiertas del río. Antes de acercarnos a la costa, divisamos una laguna entre la incipiente urbanización, y decidimos explorar este biotopo. Esta se presentaba poblada con abundante vegetación flotante (Pistia stratoides) y aguas claras, con un fondo arenoso, constante en estas zonas cercanas al gran río; arena que llega a formar incluso médanos que dan una apariencia al paisaje en ocasiones muy similar a nuestra costa este. Decidimos utilizar la red pequeña, ya que la profundidad lo permitía. Un par de pasadas bastaron para obtener una muestra de los habitantes de este cuerpo de agua. Una especie de Mojarras (aparentemente Bryconamericus stramineus) abundaba especialmente, con seguridad fuente de alimento de las otras capturas: Tarariras (Hoplias malabaricus), y Cabezas amargas (Crenicichla sp.)

Nos encaminamos por entre las calles de tierra con fuertes pendientes, al encuentro de la amplia vista del río que nos ofrece la barranca ubicada en este sector. Visitamos el monolito ubicado allí, que denota lo establecido en el tratado del Río de la Plata, firmado con la República Argentina, para la administración del mismo. Desde allí es posible observar una porción muy importante de la vía fluvial, que abarca incluso la desembocadura del Paraná y su amplio delta; las grandes embarcaciones que se introducen en sus canales dirigiéndose aguas arriba parecen navegar entre el monte que cubre las islas. Ante nuestros ojos, el río que nos da nombre se abre generoso, dando lugar a decenas de embarcaciones de pesca, tanto artesanal como deportiva, que navegan en busca de los mejores piques. Tuvimos la oportunidad de admirar el producto de la pesca, mayormente compuesto por Bogas de muy buen tamaño y algún que otro Dorado mediano. En cuanto a nuestra pesca, nos enfrentamos a la gran masa de agua con nuestra red grande, sin obtener grandes sorpresas. Al arrastrar la misma por la playa, capturamos alguna muestra de las especies que predominan: Virolos (Parodon affinis), Pejerreyes (Odonthestes sp.), Sardinas (Licengraulis sp.) y alguna que otra Vieja de agua chica (Hypostomus sp.)

Abandonamos la costa con la idea de realizar el camino de vuelta a Carmelo por detrás del usado para llegar hasta allí. De esta forma, intentaríamos pescar en el curso superior del Arroyo de las Víboras, con la esperanza de encontrar a quienes nos venían esquivando hasta el momento. Llegamos, y casi como puesto para alentarnos, un enorme bañado se extendía a poco de cruzar el puente sobre el curso principal, encerrando una laguna más profunda donde las vacas mordisqueaban algunas plantas palustres. Tomamos nuestros calderines y la red, y comenzamos la dura faena, pues el barro era profundo bajo la delgada capa de agua. Luego de varias pasadas, una vez más vimos frustradas nuestras expectativas, ya que lo único que obtuvimos fueron las especies que anteriormente habíamos pescado en el bañado a los fondos de CALCAR, aparte de algunos Characidium fasciatum de buen tamaño, alguna Mojarra de velo (Pseudocorynopoma doriae), y algunas interesantes Jenysias (probablemente Jenysia multidentata). Pero de las Cynolebias, ¡ni el olor! Ya a esa altura, la tarde comenzaba a avanzar, y decidimos ir a lo seguro. Pescaríamos en el tradicional charco de la entrada de Carmelo, donde habitualmente conviven C. belotti y C. nigripinnis. Unos cuantos ejemplares nos bastaron para confirmar su presencia, verificar su desarrollo, y renovar el stock en nuestros acuarios. Todo en orden en este charco; seguimos avanzando.

A partir de allí teníamos previsto transitar un camino que transcurría entre las cuencas e los arroyos De las Víboras y De las Vacas, para luego cruzar este último tal como hiciéramos con el anterior, en un sector más cercano a las nacientes. El camino no estaba para nada señalizado, y nos fue muy difícil ubicarnos. Aquí es donde las cartas geográficas se hacen indispensables, y por desgracia no contábamos con la de esta zona. Rumbo a la localidad de El Cerro, próximo a unas canteras de piedra, localizamos un charco prometedor. Como la suerte hasta el momento no había sido buena, no esperábamos gran cosa de este hallazgo. Pero las sorpresas suceden cuando uno menos las espera. Francisco introduce el calderín en el agua, y se maravilla al observar el primer macho de una larga serie de C. belotti emerger entre la vegetación. Inmediatamente todos procedimos a tomar nuestros calderines e intentamos imitar a nuestro compañero. Y vaya si fue posible. Hicimos la pesca del día, reconfortándonos al sabernos descubridores de esta nueva localización, que además presenta la particularidad de que los ejemplares obtenidos presentan algunas diferencias entre sí, que habrán de ser confirmadas luego en los acuarios. A pesar de que preguntamos repetidas veces por el camino que buscábamos a los lugareños, no logramos ubicarlo, y guiados por el sentido de ubicación propio intentamos en vano llegar a nuestro objetivo. Conclusión, sin el indispensable mapa, fuimos a dar a la Ruta 12, en los límites de los Departamentos de Colonia y Soriano, cerca de Ombúes de Lavalle. Dado lo avanzado de la tarde, en ese punto decidimos comenzar el regreso, y trazamos una ruta que iba acercándonos a Montevideo, tocando un par de puntos finales adyacentes a la misma. Uno de ellos correspondía a la cuenca del río San Salvador. Ya se divisaba en el horizonte el inicio de una tormenta que comenzaba a tapar el sol, lo cual tornó las condiciones un tanto distintas a lo que fue el resplandeciente día de otoño que nos precedió. De todas formas decidimos hacer unos lances de red en este río. Tan solo algunas Mojarras (Diapoma speculifera) y algunos pequeños Gymnogeophagus meridionalis (únicos cíclidos junto con los Crenicichla en todo el día de captura), no justificaron los fastidiosos picotones de los jejenes, y decidimos dar por finalizada la jornada.

Satisfechos por ser la primera anotación luego de muchas en las cuales las Cynolebias se nos habían negado, y a la vez romper una racha de salidas frustradas por el clima, nos dirigimos a nuestras casas con la idea de retomar la frecuencia usual, siempre y cuando se mantengan las condiciones favorables.

Esperamos poder contarles de nuevas expediciones proximamente, y mantenerlos al tanto de cómo se va presentando la pesca a lo largo del año. Nos despedimos hasta una próxima oportunidad, invitándolos una vez más a la practica de esta apasionante afición.

Fotografía y texto de las fotos: Francisco Prieto

Bryconamericus stramineus: Esta especie de mojarra se caracteriza por su cuerpo un tanto más esbelto que el de sus pares, y fue pescada en casi todos los habitats de esta zona.

En la laguna de Punta Gorda encontramos esta particular especie de molusco de agua dulce.

Ejemplar hembra de Cynolebias belottii, mostrando el característico patrón de manchas de la especie.

Macho de Cynolebias belottii mostrando las bandas azules, que no estaban presentes en algunos ejemplares de los capturados.

En este charco se localizaron los ejemplares de C. belottii, en aguas muy turbias y algo ácidas, a una temperatura de 23°C.

Esta planta palustre, Ludwigia sp., es frecuentemente encontrada en las costas del Río de la Plata y afluentes, formando enramadas bajo las cuales se esconden gran variedad de especies.

Las barrancas y playas de esta zona del departamento de Colonia enmarcan el nacimiento del Río de la Plata a partir de la confluencia del Uruguay y el Paraná, presentándose esta como una excelente zona para actividades de pesca deportiva.

 

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